Si no hay un yo, si somos todas multiplicidades, verdaderas poblaciones, masas de devenires: nutrias, osos, prostitutas paulistas en la flor de un bretel, Delias de rimmel descorrido, Etheles, rosas a la caza de un Grossman perdido en Luxemburgo, la primera pregunta es: ¿Quién escribe? ¿Quién habla? O: ¿de parte de quién? Si somos tantos, decía un puto que se llamó Néstor Perlongher, vamos, lo simple se complica –si hablar de uno es perorar acerca de lo irreductible múltiple.