Una conciencia ilimitada por momentos, un estar que lo abarca todo, días donde se fantasea, se vive, se recuerda, se interviene, se inventa una presencia perfecta del espíritu, una clara y contundente determinación sobre uno mismo y sobre los demás, que ya no adoptan para sí expresiones favoritas, sino que se entregan puros al nacimiento de todos los amores posibles y siempre protegidos por el mito de ser, a fin de cuentas, uno mismo en la silueta de los otros.
