Primero es cargosa, después letal. El deseo sobre la cuestión es: “Un lugar con gente menos culposa. Un lugar con gente menos culpable”. Un lugar con gente menos concupiscente de de tratarlo a todo bajo el esmero de, con firmeza y con una discutible redención, hacernos ver para así hacernos escuchar y sentir y percibirnos como dentro de alguna especie de “cosa” por la cual o somos o fuimos o seremos miembros activos de quienes “no podrán porque no quieren”, y así la culpa es una definición tan intangible de verosimilitud que, siempre, hagamos lo que hagamos, habiendo hecho lo que hicimos, y no sabiendo muy qué haremos, siempre, encuentra la grieta para infiltrase en nosotros.
