Yo no creo que esto sea una cuestión de mesura de parte de todos a la hora de negociar. Nosotros no sabemos accionar con cautela. Nos gana la velocidad del enseguida. Nuestro rumbo atraviesa el ritmo del pliegue y el repliegue sobre nosotros mismos. Es nuestra manera para encararlo todo, hasta el terciopelo que nos robaron. Así, nunca seremos abandonados por estos artilugios emocionales. Sabemos de personajes. Otros se deforman por esto, se desordenan por dentro y por fuera. En ese orden sucede. Nosotros alternamos volver a elegirnos con desentendernos de ustedes y de nosotros mismos para siempre.

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