Lo K


Fugarse hacia zonas donde un televisor de lujo transmite el soporte por el cual uno (cualquiera) encuentra -evidentemente sin saberlo- el mismo parecer de estar pareciéndose a todo lo que todos los demás labran y certifican con la palabra “existir”. Esto último no pesa, como se dice, positivamente sobre la cuestión, digamos, humana de qué carajo hacer con uno mismo y con el resto. Todo lo contrario más bien, esto habla de cuán poco nos acostumbramos a, como se dice, enfrentar la situación tal y como es dada; es decir, volvamos a la palabra “reivindicación” y/o “manifestación” y no la palabra que tanto le gusta a la presidenta de los argentinos: “reparación”. Las cosas no se reparan, y nosotros no somos cosas. Después de todo, es posible salir más no sea por unos segundos de todo esto que, como el cuello de esa mujer que nos preside, muestra muy obscenamente los pliegues alicaídos de no poder ser auquello que se está inventando.

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