V


Si no nos digregamos aunque más no sea en los temores que engendra la astucia de lo lírico, si no nos denigra la no disgregación, en algún momento de los momentos de todos, huérfanos de sentido o no, seremos sometidos a un periplo somático que sólo disolverá vapores fríos y dejará la escarcha cuyos filamentos nos obligará a que nuestros codos se peguen a nuestros vientres. El suelo vendrá después, y no será ni viril ni fascinante sentir eso. Eso no le encuentro definición, aún. Pero tengo la terquedad del pugilista, y me alienta la bravura de YAM.

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