Blanchot


Cuando hemos cruzado cierto umbral, siempre sin saberlo aunque a sabiendas, con una incertidumbre que ya es su marca, a la angustia todo le pertenece, incluida la no–angustia, es la trampa y, no obstante, carece de ardides; hay una lealtad, una simplicidad, una tranquilidad de la angustia, quizá porque escapa a toda ley: salvajismo con el sosiego de los bosques, el sosiego de una espera de algo que no tendrá lugar. M. Blanchot 

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