Demiurgo


Si se mira con atención, la palabra demiurgo es utilizada, en el grosor inquieto de la masa digamos, como un término con cierto matiz peyorativo que, en algunos, muta a prejuicio. Escribir, por ejemplo, ya de por sí es una actitud sospechosa desde quienes jamás admiten perderse en sí mismos -al menos por un rato-. Sobre todo cuando comienzan, adrede quizás, las advertencias sobre no confundirse con todo lo que hace el, ponele, Dios creador que sí hace de la nada y no como el demiurgo que, dicen, “sólo” da forma a lo que ya está. Ahí está la cuestión, quizás. Lo que está no tiene forma. Demiurgos, dramaturgos, escultores y escupidores de usar la energía manifiesta se necesitan.

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