Carne pelotuda


Todos los inútiles gestos del mundo no hacen otra cosa que dar por válidas todas las experiencias y teorías variopintas de formación académica, científica, financiera y amateurs que, con nombres, nomenclaturas, esfuerzos, lobbies, oposiciones, delirios, secretos, falsos lenguajes y confusa rítmica, siempre, afirman que sabemos que dentro de todos los que estamos vivos, de alguna manera aún no resuelta, la cara es nuestro rostro, pero que éste no está en el espejo. Es por esto que todos en todos lados vamos y no vamos y nos quedamos por aquí, pero aún así sólo estando como quien dice detenido porque moverse es al pedo, aún así gestos que, digamos, no vendrían a ser de nuestro patrón emocional visual, y que alcanzan el exterior de nuestro cuerpo y, siendo visto esto por otro o sólo autopercibiéndolo, lo que nos habita como un yo, planea tu (y su) futuro. Y lo avisa. Como sea el contorno y el entorno que no obstante fortalecer a veces puede, también podría debilitar o, lo que es peor, hacer de usted, de ti, de vos un dotado que puede materializar como “real” lo que antes era incierto y lo llamabas “identidad”. Ahora, como antes, los encuentros de tu yo iluminado de fe colectiva digamos, y la pelotudez se fusionan y se hacen (tu) carne y millones de carnes que laten dentro de un “algo” que a la fuerza consideran su (tu) creencia y su (tu) saber con respecto al mundo humano. La pelotuz de la carne de algunos es lo visible, es un país como Argentina, lleno de buena gente. Eso dice el gobierno. Pero en realidad sabemos poco del gobierno.

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