Siempre supimos lo de Tesla


Lo libre y lo suelto, lo natural, lo espontáneo se nos retobó fulero contra el aparato totalitario de ola determinación. En el Royal Orchid Sheraton de Bangkok estábamos. Nos atragantamos todos en presencia de desconocidos. Sudamos. Torpes y fronterizos. Sudor a litros volcamos. Salpicamos. Los detalles fomentaron la ley3enda. Lechones no hubo. Sí, alacranes. Bandadas de alacranes amarillos. 27 chispas, después. Madeline, Babilonia y Pebete pasaron  en lo suelto. Sucesivas, vertiginosas llamas como que nos refulgieron. Siempre supimos lo de Tesla. Nadie quiso escapar. Ni siquiera los judíos.

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