Introspección compartida 4


Una sóla convición que hace partícipe a mi persona a modo de escritura o devaneo visual. Esta convicción es precisa pero informe, es reaccionaria e instrumentalista. Pero es real. Lleva esa marca como estandarte de su propio accionar sobre mi persona a la hora de encontrar, o buscar o cómo pudiera mencionarse a la voluntad humana por, por los medios que fueran, hacerse hacedor de que aquello que más de uno niega como posible: somos efectos que emergen para que el proyecto personal también infiera en el otro y en el otro y en el otro y en el otro. El otro, por ahora, es otra cuestión que hace semejante a la otredad y a la intimidad de yo en un grupo que no tema ser desmantelado.

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Introspección compartida 3


Cómo y qué pensar saben todos que dicen todos que saben lo que saben como cómo y qué pensar cuando ese verbo se acciona para, por ejemplo, hacerse preguntas al pedo y no ponerse, en realidad, en práctica para que “saber, conocer, experimentar, etc.” se base, principalmente, en la observancia. Siempre alguien tiene que mirar para después especular. Mirar no es una acción pasiva, todo lo contrario más bien. Uno, a voluntad o no (ése es otro tema), puede modificar la noción real de “realidad”. Pero, si nos miramos con atención, adentro hay otro. Un otro que es el “yo” más legítimo y que sabe cómo es el mecanismo por el cual uno -cualquiera-, sin dejar de ser “yo”, puede hacer espacio y saber también que la actual, por decir, expansión, saturación y mezcolanza que se promociona como “lo místico”, no es un asunto ni de fe ni de creencia; ni siquiera de ficción, sino un asunto más terrenal como quien dice, más humano que natural, un asunto que un grupo de personas que primero se agruparon y luego se corporizaron para cumplir y completar un mandato que jamás respondió a una reverberación interna y personal que pide comunión con otra y así con otra y otra y así integrarse a un lenguaje que se yergue, desde adentro, como significativo de tomar las riendas de la disciplina de respetar, sobre todo y al principio, el verdadero significado de las palabras, para que de ese modo el “yo” no deje de ser “yo” pero también pueda ser “prójimo”. Antes de hablar y decir que los humanos “no nos entendemos”, habría que pensar si en realidad la cuestión es que no nos miramos y que vivimos rozándonos con puntas punteagudas para que, al fin, nunca entendamos por qué nos vamos matando unos con otros. 

Introspección compartida 2


    Nunca estuvimos tan cerca de saberlo todo. Pero todo lo que se dice todo cuando alguien quiere ser soberano de énfasis en ése todo que sostiene fuerte el todo. (Todo y entonces son dos palabras importantes en español) Todo lo que se piensa y se certifica como “todo”. Pero, dolorosa o no conjunción adversativa, ingresando sin embargo a la segunda década de un siglo que se imaginó y se especuló durante siglos, todo lo comprobado y demostrado bajo lo que se denomina “entendimiento” y que pesa firme con los parámetros y la voluntad de que para seguir, afirman,  hay que demostrar que es cierto; de que “todo eso”, decía, todo ese saber que se desparrama en este siglo de apenas no más de una década, respira ya bajo la sospecha de no serlo. Lo técnico, lo económico y lo comercial son tres nociones que lo traspasaron todo. O sea, nadie puede afirmar cierta claridad del sentido o de lo sentido en cuanto a su saber sin que, casi automáticamente, irrumpa la sospecha que supone (o supondría) otro indicio; es decir, otro tipo de fe, que propone digamos nada por encima ni a través ni allende, sino que contradice y materializa la inmanencia.

     Hay que aceptar de una vez por todas (si no se puede no se puede)  aquello que salta a la vista pero que sin embargo es celosamente invisible para casi todos. Hay que aceptar y emerger desde lo primero que se experimenta al introducirse y dejar que se introduzca la impronta que hace eclosión, descorre el daño adquirido y hace aparecer “la necesidad” de, simple pero complejamente a la vez, “saber” qué cosa es eso que ya sabemos que sabemos (sobre el origen) y que por lo pronto, entre quienes como yo recientemente escucharon, sólo podemos llamarlo “legado”, no por instancias de descrédito, sino por hacer legible lo que se va desplazando adentro. “Ser guiados suave y amablemente. Como quien se guía a sí mismo. Fomentarnos eso, como luchando”.