Arbitraria nervadura


Arbitraria nervadura que, evidente, renuncia y aquí, yo (JV), escribiendo, o allá, una hipotética persona, individual y colectiva, lee estas palabras que en mi ahora tecleo en mi netbook, que serán o no serán leídas en el futuro mío y el presente de quien, ahora, se pose aquí, y que fueron escritas –tal como aparecen- por mi mano derecha y mediante una birome de trazo fino color azul, a partir de las 02.48 horas de la madrugada del lunes 19 de marzo del corriente 2012.

No quiero que a los gritos respondas a las menciones que injurian el lenguaje tuyo sobre el cual semejante situación en el marco de la no tan desparramada certeza de, como quien dice, mares de benevolencia manan de uno si al menos por lo que fuera que cualquiera pudiera realizar sobre sí mismo en lo que entendés por ahora y su posibilidad de saber ser o, como quien dice, no saber ser. Algunos saben que no son, adoran a los vientos, cumplen ofrendas inverosímiles de carne, no conocen el desorden por miedo, no saben que hasta la perversión necesita el orden de los factores de cada uno e3s, fue y será en uno mismo y en lo que inevitablemente se hace sonido: la sangre. Andate de vos sin irte.

No se puede todo en la vida


Más o menos se sabe que no se puede ser ni específico ni -menos- real a la hora -tampoco definida- de ponerse atención en cuanto a la generalidad de las palabras que contienen o contendrían el inicio y casi el flujo escencial de lo que, en general, deberíamos sentir cada uno en cada uno y por los demás dentro y fuera de uno. Partamos de la base que tenemos que volver a saber qué cosa y en qué magnitud de lo de uno significan las palabras. Honor, por ejemplo, vigor, valentía y hasta tener la plenitud de saber qué, por ejemplo, amor, felicidad, angustia son terrenos ya vencidos que necesitamos volver a sembrar. O simplemente limpiarlo al terreno. No se puede todo en la vida.