Hacerlo


Hacerlo y ganarse el mérito de haber superpuesto la firmeza de una convicción con el sentido de sólo estar. Otro día solo estando arrepentirse y deshacerlo, como quien no quiere la cosa. No es frecuente no poder resistirse cuando la convicción de hacer proviene de un calor entre la nuca y la mollera. Nadie asume que siente de ese modo bajo las circunstancias dadas después de haber perdido. Perder es barroco.

Danza


Escucho y transcribo: Tus manos con las mías realizan mi danza guerrera mientras tus ojos reúnen el poder para que el deseo se mantenga, se haga una corriente vibración donde así, con el viento acechando siempre, el sendero de cada propia e íntima intención sea una última batalla de acción donde sólo sea atraído para sí quien trascienda, al menos, más allá del portal de la cocina.

Claro de luna


En el caso de que fuera necesario precisarlo, algo de lo transcripto aquí fue y es escrito originalmente a mano en una de las hojas del cuaderno que poseo para cuando, así porque sí digamos, se encadenan las frases y se accede a la normativa del vislumbramiento transmutado narrativa. A veces funciona así, y otras en la velocidad de lo virtual. Como no se puede saber cómo funcionan estas cuestiones, y como si se urga en la coyuntura de los similares, las maneras son muchas y fascinantes son las excusas para no seguir siendo apóstol sino encarnación digamos, cada quien que admite cierta “activación” invoca después lo que hace que así pueda ser, digamos, material en el mundo del lenguaje. Nunca podremos aclarar si las imágenes le dan peso al texto o si el texto pesa como las imágenes que elijo casi como otra normativa para desvincular la anarquía de memes y subjetivaciones visuales que -cada quien lo sabrá para sí- se convierten en ideas de un “posible” que no se puede tampoco legitimar a no ser que, sencillamente, todo nos importe por igual más allá de todos y de uno mismo. 

La medida sensible


Cuándo fue que la angustia comenzó a infiltrarse en el devenir de las creencias cotidianas con exactitud no se sabe. O no lo sé más bien, pero aún así, sobre esta cuestión se especula mucho y se experimenta aún más. La neuroquímica, la farmacología y la industria de prevenir, aliviar o mejorar la caracterización de la pena y el ahogo por, digamos, acumular experiencias para trocar conocimiento por hastío aparecen hoy por hoy como “la medida sensible”, única y personal aunque implosiva, la cual confunde las diferencias vitales y produce una explosión de sin sentido que ni siquiera metaboliza en ficción. La ficción es una palabra abusada. Las drogas sintéticas del mercado negro son, hoy por hoy (parece), una posibilidad de reposo para el dolor en todas sus acepciones, en todas sus posibilidades de representación y certezas, generando así cierta tendencia al abandono personal y colectivo del propio cuerpo y el ajeno, como si se tratara de un salirse de sí para embargarse entero en un éxtasis que lo suspendería todo con cierto misticismo nunca contemplado como ritual, sino como pura búsqueda vacía. Esto podría estar sucediendo con lo que se admira enteramente en la ruta de lo que existe para vivir digamos, con la palabra bienestar hecha carne, como si la voluntad fuese un pasaje encharcado pero no preocupante, como una cosa que está sola sin admitirlo, sin plenario que la evalúe, sin carcelarios extorsionadores de milagros, sin trampas en el agujero, sin olvidos ignorantes, sin sobrellevar ninguna decepción.