Acá


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Yo no creo que esto sea una cuestión de mesura de parte de todos a la hora de negociar. Nosotros no sabemos accionar con cautela. Nos gana la velocidad del enseguida. Nuestro rumbo atraviesa el ritmo del pliegue y el repliegue sobre nosotros mismos. Es nuestra manera para encararlo todo, hasta el terciopelo que nos robaron. Así, nunca seremos abandonados por estos artilugios emocionales. Sabemos de personajes. Otros se deforman por esto, se desordenan por dentro y por fuera. En ese orden sucede. Nosotros alternamos volver a elegirnos con desentendernos de ustedes y de nosotros mismos para siempre.

No dimensionamos


“Cuando se pierde todo, el volver a empezar modifica la percepción de uno con y en el mundo”, dicen por ahí como una certeza que tan frase largada por bocas y bocas terminó por perder fuerza. La percepción viene en correlato con aquello que no se sabe exactamente qué, cuál y cómo es la función precisa pero lo llaman “inconsciente”. Entonces, sólo después, se comprende que es posible no sólo morir y morirse, sino perderse uno y dejar que lo pierdan. No dimensionamos esa libertad.

Mental Congo


Admitamos que sí. Admitamos que de vez en cuando, a raptos, a luciérnagas encendidas en frasquitos a través de algo que podría ser un túnel o una caverna o un bosque o un exterior enorme pero espeso, o un interior hueco, ahí, admitamos aquí a veces tenemos que admitir que no, que no nos damos cuenta de lo que los otros -sean éstos unos u otros- dicen que saben tener. Lo de tener es mental. “El congo es una región de la mente”, escribió G. Green